11 abril 2011

El sistema señalético

Artículo escrito por Joan Costa en vispera de la publicación de su libro "Señalética Corporativa".

Se cumplen ahora 20 años desde que introduje en la lengua española, el concepto y la palabra “señalética”, así como su metodología. El texto que sigue viene a recordarlo y, al mismo tiempo, anticipa la aparición del nuevo libro, Señalética Corporativa.
Los sistemas de información y de comunicación buscan integrar óptimamente los códigos visuales a la actividad psicofísica de los individuos. L
a finalidad de estos sistemas, en especial el sistema señalético, es reducir toda incertidumbre y evitar que se produzcan situaciones ansiógenas (por ejemplo, en transportes públicos, hospitales, aeropuertos), así como evitar dudas, errores y pérdidas de tiempo de los individuos en los espacios en que ellos actúan.
Los recorridos y todas las formas de desplazamiento necesitan, conforme a los objetivos y motivaciones del usuario, un sistema de referencias que permita su orientación autónoma, y reduzca la necesidad de pedir “ayuda” a otros individuos. Un tal sistema de referencias procede de las necesidades del mismo usuario en función de sus decisiones puntuales de acción. Pero este proceder “a la carta”, implica un trabajo de discriminación visual de las señales de orientación, que se encuentran insertar entre múltiples estímulos y solicitaciones ópticas del propio entorno: es el ruído visual del contexto en el que se inscribe el sistema señalético. Este trabajo de discriminación visual conlleva, al mismo tiempo, el descifrado o decodificación de los signos informativos inscritos en las señales.

Desde Shannon sabemos que en todo proceso de comunicación incide algún “ruído” no deseado (noise). En estas situaciones de interferencias entre mensaje y ruído visual del entorno, es necesario un lenguaje gráfico propio, claro y bien estructurado para la orientación de los usuarios. Es el lenguaje señalético. En la medida que este lenguaje se funda y se articula en los sistemas de signos convencionales ya conocidos e integrados por el usuario (signos tipográficos, pictográficos y cromáticos), el sistema señalético optimiza la percepción y comprensión de las informaciones, y su utilización.

Para reducir los esfuerzos de discriminación visual y de comprensión, el lenguaje señalético se sitúa de entrada en una paradoja que hay que dominar y superar: el principio de economía de informaciones (cantidad mínima de señales, mínimo esfuerzo exigido al usuario, mínimo tiempo en la rapidez de la comprensión) se cruza constantemente con el principio de redundancia necesaria.

En rigor, la señalética se funda en la parte de la semiótica que postula tres “dimensiones” de la comunicación: la dimensión sintáctica (la organización de los elementos del código dentro de cada señal), la dimensión semántica (la expresión inequívoca del significado) y la dimensión pragmática (los efectos de la información en la conducta de su destinatario). A las cuales debemos agregar la cuarta dimensión estética, no menos importante en todo mensaje visual.

La señalética es un sistema específico de signos que debe diferenciarse de otros sistemas de signos polisémicos (decorativos, artísticos), mientras que los signos señaléticos -y sus mensajes- son necesariamente monosémicos: tienen un único y claro significado, son unívocos.

En señalética no hay desviación posible entre el signo y el significado -la convención social/cultural que le sirve a la vez de soporte y de referente. De todos los sistemas de signos no lingüísticos, la señalética es -junto a los numerales- uno de los más monosémicos y estructurados ya que elimina las connotaciones, las representaciones subjetivas, y reduce así la ambigüedad, es decir, la ineficacia comunicativa.

Dicho de otro modo, la señalética responde a una situación precisa que rehuye toda ambigüedad. Su sistema no es asimilable al sistema del lenguaje, sino al fundamental de la sintaxis de las señales no lingüísticas. El orden de la percepción y el encadenamiento de las señales implica una relación constante con los principios de la teoría de la Forma (Gestalttheorie), es decir, el contraste forma/fondo, o lo que es lo mismo, mensaje/ruído, y con las leyes de la pragmática, es decir, la formación instantánea del significado en la mente de los individuos.

Se trata así de reducir las perturbaciones y las desviaciones en la práctica del usuario entre la percepción y toda actividad cognitiva vinculada a sus decisiones de acción. El signo y el mensaje coinciden para organizar la referencia informativa.

El sistema de señales se basa en la autocorrelación entre ellas. En este sentido, las señales pueden establecerse en dos dimensiones, que corresponden a dos operaciones diferenciadas y complementarias. Primero, la relación de continuidad (la señal es percibida dentro de una serie de señales que corresponden a series articuladas de informaciones). Y segundo, la relación de similaridad entre ellas (las señales son captadas por oposición con otros estímulos, y por eso entre ellas debe existir una asociación óptica que establezca la continuidad del discurso).

Las ventajas de la autocorrelación de las señales para el usuario, son:
  • economía del esfuerzo de percepción
  • menor fatiga
  • mayor confort visual gracias al orden y nitidez de los estímulos.
Todo esto incide en lo que podemos llamar una autodidaxia espontánea, pues el individuo descubre la existencia de códigos de manera empírica. Descubre la autocorrelación de las señales entre sí, lo cual se obtiene por medio del código cromático, los formatos de las señales y las alturas en que están situadas, siempre uniformes formando una “línea de lectura”.

Propiciar esta coherencia de las señales como soporte de información es también una cuestión de orden, de normatividad, de simplicidad. No sólo aplicando estas virtudes a los formatos de las señales (demasiados formatos diferentes crean dispersión y desorden) y en su ubicación en el espacio, como hemos dicho, sino también en el uso juicioso de los signos y los colores. Es preciso establecer una medida uniforme para las alturas a las que se situarán las señales, pues la autocorrelación de las señales se obtiene por la regularidad con que el ojo las capta en el espacio, como siguiendo un hilo conductor del discurso semejante a la regularidad de la línea tipográfica, siempre ella misma sobre su base.

Nos queda todavía una última dialéctica del sistema de señales: es la dualidad de la información. La información semántica (qué se dice) y la información estética (cómo lo dice). En esta dialéctica deben evitarse las contradicciones. La primera debe resolver todo equívoco posible creado por la segunda. La producción de significación no debe depender de la información estética, pero tampoco debe olvidarla. La información estética está presente en señalética para simplificar la información semántica. Lo que pueda decirse con signos icónicos, no decirlo con signos lingüísticos. Y para completar o caracterizar la percepción y el estilo del mensaje: singularizar el sistema señalético para que realce la identidad del lugar.

Un aspecto nuevo, que desarrollo en mi nuevo libro es el tratamiento diferenciado entre la señalización vial y urbana para el tráfico, la señalación comercial de los puntos de venta, la señalética de interiores y la señalética corporativa.

© Joan Costa

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