29 julio 2013

En defensa de lo simple

Uno de los problemas más comunes en el diseño gráfico, especialmente al comienzo de la actividad profesional, es el afán por diseñarlo todo. No se puede dejar nada al azar, todo debe estar predispuesto… el resultado son sobre-diseños y piezas gráficas saturadas

Partamos de que es difícil alcanzar un equilibrio. Aún más cuando el diseño - que es definición y jerarquización - tiende más a separar que unir. Esto es dolorosamente cierto para los que andan un poco despistados y quieren un diseño cálido y azul… 


No podemos tenerlo todo, pero muchos seguimos intentándolo, cuando ya tendríamos que haber aprendido que el afán de control total sólo lleva a la frustración.
Todos lo hemos experimentado: bloqueos ante la página en blanco, bloqueos por tener demasiadas ideas y un sólo lápiz, bloqueos por no saber reaccionar ante imprevistos… el afán de control sólo conlleva frustración porque coloca una responsabilidad desmedida sobre nuestros hombros: la de vivir a la altura de nuestra fantasía.

Diseñar es proyectar lo que sea necesario para ofrecer la máxima funcionalidad al mínimo coste posible. Para ser efectivos en esta tarea tenemos que respetar el principio de realidad, de la riqueza y variedad de la realidad, pero no siempre lo hacemos porque la fantasía del control total es demasiado sugerente.
Así, construimos visiones simplificadas, limitadas, geométricas… Cuanta menor sea nuestra confianza, más limitada y simplificada será la visión, pero la causa es la misma, y el resultado también: pobreza.
Quizá no pobreza de ejecución, pero sí pobreza de carácter, de concepto, de esencia. Un diseñador es, en cierto modo, un gobernante, y si se comporta como un dictador sólo puede esperar respuestas cobardes y mediocres.

HABLANDO EN TÉRMINOS TIPOGRÁFICOS
Los tipos con remates o, al menos, una forma particular, representan un vehículo más versátil para las ideas y los sentimientos que las letras suizas. Sé que puede sonar chocante, porque precisamente letras como Helvética (o su clon Arial) han sido probadas con éxito en multitud de escenarios, pero ¿tenemos que aplicar la misma receta a todo? ¿No supone eso encerrar y minimizar tanto los mensajes, como la propia profesión?, ¿Qué necesidad habría de diseñadores si todo se limitara a textos en Helvetica de color negro sobre fondo blanco? ¿Qué necesidad habría de Humanidad si sólo fuéramos máquinas? ¿Por qué querríamos simplificarlo y homogeneizarlo todo? La diferencia no significa separación ni enfrentamiento, sino una oportunidad para aprender.

Por otro lado, las tipografías, que son la base del diseño gráfico, se limita cada día más a unos pocos, y esto es una pena. No me refiero a carecer de tener más de una caligrafía cortesana o de manual, sino a una caligrafía personal, íntima, cotidiana; ésa que usamos para escribir la lista de la compra, para tomar apuntes en clase o para garabatear en nuestros borradores. Esa letra que sólo nosotros podemos trazar y que, aunque dé forma a los textos más anodinos, dice algo auténtico sobre nosotros en cada curva, en cada ligadura, en cada forma… y lo auténtico es hermoso, es emocionante, sin importar cuán extraño, torpe e imperfecto sea, porque es real. Han visto el logotipo de Pablo? Expresa claramente quien es! No es una impostura ni el resultado de un estudio de mercado: es lo que es.

CONCLUYENDO
El diseño se ha convertido con demasiada frecuencia en un arrastrar y maquillar cadáveres, en una repetición circular y frustrante de esquemas fijos sin margen para la sorpresa y el aprendizaje.
Ya es suficiente.
Por todo esto, no soy partidario de ese diseño que pretende designarlo todo. No veo que esa sea la función de este oficio. El diseño, como toda actividad creativa, sirve para mostrar la realidad de las cosas. Pero la realidad no es algo retorcido ni sobreactuado. Nuestro trabajo como creativos es más completo y satisfactorio cuando simplemente dejamos que las cosas se expresen por sí mismas. En la simpleza esta lo bello.

(Use la marca gráfica de Pablo Leautier como ejemplo)

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